Postura correcta a la mesa: por qué importa desde chiquitos
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Los pies colgando cansan, y el chico se encorva para llegar al plato. Qué cambia cuando la silla se adapta a su altura.
Mirá a un chico comer en una silla de adulto. Los primeros diez minutos está bien. Después se recuesta sobre la mesa, se sienta arriba de un pie, se pone de rodillas, se levanta. Le decimos «no se queda quieto», pero casi siempre es otra cosa: el cuerpo está buscando dónde apoyarse.
Cuando los pies no llegan al piso las piernas quedan colgando y el peso se reparte mal. La silla, que debería sostenerlo, se convierte en algo de lo que hay que defenderse.
Qué pasa cuando los pies no apoyan
Todo lo que hace el chico para acomodarse tiene una explicación mecánica, y ninguna es un problema de conducta.
- Se desliza hacia adelante para llegar al plato y termina sentado sobre el borde.
- Se apoya sobre la mesa con los codos y el pecho: es su manera de descansar la espalda.
- Cruza o enrosca las piernas en la silla para fabricarse un apoyo.
- Se para cada dos minutos, que es la salida obvia cuando nada de lo anterior alcanza.
La regla de los tres ángulos
No hace falta medir con precisión de consultorio. Sentá al chico y mirá tres cosas.
- Pies: apoyados enteros sobre el apoyapiés o el piso, no en puntas de pie.
- Rodillas: en ángulo recto, con los muslos horizontales.
- Codos: a la altura de la mesa, sin levantar los hombros para llegar.
Si los tres se cumplen, no hay que pedirle que se siente derecho: se sienta derecho porque puede.
Señales de que la silla le quedó mal
Sirven tanto para una silla que quedó chica como para una que siempre fue grande.
- Levanta los hombros para llegar a la mesa: el asiento está bajo.
- Los pies cuelgan o tocan de punta: falta apoyapiés o está bajo.
- Se sienta sobre el borde: el asiento es demasiado profundo.
- Se recuesta sobre la mesa a los cinco minutos: la altura no está.
Lo que parece que arregla y no arregla
El almohadón sobre la silla de adulto sube al chico, pero le deja los pies todavía más lejos del piso: se gana altura de codos y se pierde apoyo. La caja debajo de los pies funciona una semana, hasta que se corre sola o el chico crece dos centímetros.
Las dos soluciones tienen el mismo problema: no se regulan. Y lo que hay que ajustar no es un punto sino dos —el asiento y el apoyapiés—, cada uno por su lado.
Por qué una silla que se regula cambia esto
En una silla evolutiva el asiento y el apoyapiés se mueven de a pasos, por separado. Eso es exactamente lo que pide la regla de los tres ángulos: subís el asiento hasta que los codos lleguen a la mesa y después subís el apoyapiés hasta que las rodillas queden rectas.
La misma silla acompaña de 1 a 15 años, así que regular no es algo que se hace una vez: son dos minutos cada tanto, a medida que el chico crece.
Para hacerlo hoy
El paso a paso está en ¿A qué altura tiene que estar la silla?. Y si querés que además esté cómodo en las comidas largas, el almohadón va en el asiento y en el respaldo, y se lava a máquina.